Ese día, yo estaba paseando por las calles de Pamplona. Había salido temprano, quería buscar un libro, un libro que mi novia quería, y que quería llevárselo como sorpresa, ya que haya en Argentina es muy difícil de conseguir. Primero fui a una disquería, aproveche, me lleve un disco de Barón Rojo, y otro de Mägo de Oz. Como había salido sin mucho dinero, no compre mas, pero me tentaban unos cuantos.
Hice los 15 minutos que me separaban hasta la librería. Me frene a mirar la vidriera, libros que nunca en mi vida podría imaginar ver. Era como un niño viendo un local lleno de golosinas. Pero mi vista se desvió, se desvió de lo que era un hermoso y majestuoso ejemplar de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote. Busque mi reflejo en la vidriera, no lo encontré. Solo vi reflejada la vereda de enfrente, a mis espaldas. Y vi algo que no podía creer. Yo estaba viéndome en frente, mirando otra vereda.
Sacudí la cabeza, podía ser producto de las cosas que estuve fumando quizás. En cuanto lo hice, volví a mirar, y ya no miraba los precios del café de enfrente. Me tranquilice. Entre a la librería, y en cuanto abrí el Don Quijote, me olvide de todo lo que había ocurrido.
Habré estado hora y media, entre filas y filas de libros. Me llevaba una gran cantidad de pequeñas joyas, que iban a ser mi disfrute para cuando este nuevamente en Bahía. Salí con una enorme sonrisa de la librería, imaginando la cara de mi novia cuando le diera el libro. Pero mi alegría se torno en miedo. Salí a la calle, en cuanto atravesé la puerta de la librería. Mi "yo", salia del café y se subía a un taxi. De verdad, me estremecí con un gélido escalofrío. Me preocupo mucho, pero el se fue, no podría alcanzarlo. Lo mas probable seria que no lo vería mas en mi estadía en Pamplona.
Pero estaba errado, era una mañana del sábado, aproveche y fui a ver al encierro, ya que fui especialmente para ver los San Fermin, no iba a desaprovechar ni un día. Me decidí a no correr, pero mientras observaba como pasaban los toros, me vi a mi corriendo con los toros. No lo pensé mas, salte la valla, y empecé a correr atrás de mi. Lo único que yo quería era alcanzarme y saber que era todo eso. Pero por esa razón, me descuide y tropecé, los toros pasaron por encima mio.
Abrí los ojos, estaba en la camilla de una ambulancia, me dolía un poco la espalda, pero no tenia ninguna otra herida. Mientras me resignaba a quedarme a esperar a algún medico que me diga mi estado, veo como yo pasaba caminando viendo a los heridos de la corrida, con cara de preocupación y de fastidio.
Esa era mi oportunidad, estaba ahí cerca, podía hablar con el. Me baje de la ambulancia, y me pegue un trote para alcanzarme. "Hey!" le grite, y tomándolo del hombro, lo voltee hacia mi. El me miro, sorprendido. Su cara se transformo de la sorpresa al terror, terror desenfrenado diría yo. Dio un paso atrás, y salio corriendo y gritando. La gente me miraba, y yo no supe que hacer, ni que pensar.
El se asusto. Lo razonable, creo que seria, que la persona que es la "verdadera" se asuste de ver a su "doble idéntico", pero yo no me asuste...
Llegue a Bahía, y no lo comente con nadie eso, nadie me creería. ¿El no sera realmente yo, y yo seré otro? Eso me dio vueltas en la cabeza hasta el día de mi muerte, y nunca deje de mirar a la gente de mi alrededor, por si me volvía a ver. Pero la verdad, nunca me volví a ver, ni siquiera, en un espejo...